Muchos
habrá que me quieran reprender de deshonesto y torpe porque quiero tratar
de esta materia. Empero como dice Aristóteles cosa es de locura y temeridad
conoxarse el hombre, porque cualquiera afirme lo que es contrario a
los dichos de los sabios, especialmente contra lo que es natural, y
para algunos necesario. Así que como del tal acto se siga no pequeña
utilidad, usándose bien como debe para la salud del cuerpo y conservación
de la generación, pareciome no dejar de decir y tratar algo de ello,
y digo según el conciliador diferencia que el coíto o obra de engendrar,
no es otra cosa sino un ayuntamiento del macho y hembra en los miembros
de la generación, con el cual se expele lo supérfluo de la postrera
digestión, ordenado para la conservación del individuo y especie, y
cómo el fin de este acto sea en dos maneras.
El uno y más principal para la generación y multiplicación del linaje,
y el otro necesario para la salud del cuerpo y gobernación y regimiento
de él, no trataremos de él sino en cuanto toca para este segundo fin
o intento, aunque acerca de algunos y de muchos su fin no sea sino para
sola la delectación y deleite de la tal obra, empero porque esta delectación,
no es sino para que mediante ella se continúe la generación, y no para
que sea fin, por eso no trataremos de esto sino en cuanto toca para
la gobernación y salud del cuerpo: el cual sea honesto y concedido de
los católicos, el cual es necesario entre marido y mujer, y se ha de
advertir que en el exceso que se hace en esta obra de generación se
cometen muy grandes y graves errores, así en el cuerpo, como en la ánima,
porque mucho no saben en cuantos discrimines y peligros caigan los que
a rienda suelta se dan a esta delectación, lo cual entenderán si del
todo leyeren este mi tratado, si tienen cuidado y aviso de procurar
más de la salud de su ánima y cuerpo, que no de su vehemente delectación,
aunque sea de muy hermosa mujer, la cual por aventura es insaciable,
como las demás mujeres las cuales naturalmente son de apetito insaciable,
pues como dice Salomón en el treinta y nueve de sus proverbios, tres
cosas son que nunca se hartan, la boca del infierno, la vulva, el fuego.
El cual parecer fue de Aristóteles en el de sus problemas en el problema
especialmente son de apetito insaciable. Las doncellas que están en
su juventud, la causa es, porque tienen los orificios angostos y estrechos,
más que las de mayor edad, y tienen menos humedad, la cual como sea
compelida a salir con la fricción del coíto, y por ser poca no salga,
mas antes se quede en los orificios y vías de la matriz, es necesario
que se enfríe y quiera ser expelida y alanzada otra vez, por lo cual
habrán apetito de más fricción para que salga fuera y sea expelida,
y por ende no hay para que alguno contienda y porfíe con ellas para
poderlas satisfacer y vencer porque son de apetito insaciable, y más
lujuriosas que los varones. Y por eso dijo Ovidio en el libro Ars amandi:
Mollibus
in pratis admugit femina tauro
Femina cornipedi semper adhinnitequo
Fortior in nobis nec tam furiosa libide est
Ligitimum finem flamma virilis habet.
Dice, que en los blandos prados la vaca con su bramido llama al toro,
y que la yegua siempre llama al caballo con su relincho empero que en
nosotros es más fuerte la lujuria, aunque no tan furiosa, y que el encendimiento
de lujuria tiene fin y termino en el varón, empero no en la mujer, este
parecer fue de Avicena adonde dice que en el coíto o ayuntamiento venéreo
se aumenta el apetito y delectación de las mujeres más que en los varones,
así por la fricción que hace el varón, como por el movimiento de la
matriz, lo mismo dijo Aristóteles en su animalibus, y Haliabas en sus
theoricas.
Empero es opinion de algunos, que el apetito o lujuria de las mujeres
es mayor extensivamente y que en los varones es mayor intensivamente.
Quieren decir por más claros términos, que la delectación de las mujeres,
dura más tiempo que en los varones, empero que no es de tanta vehemencia
y encendimiento, al contrario en los varones, pues el apetito se les
acaba presto, y dura menos que en las mujeres, empero que en el tiempo
que son tentados, tienen mayor furia y encendimiento, pero que sea lo
uno, que sea lo otro, no deben los varones porfiar en satisfacer y vencer
los apetitos de las tales mujeres, si no quieren incurrir en diversas
enfermedades, especialmente si los varones de su naturaleza no son hábiles
y aptos para la tal obra, como después diremos.