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Qué es lo que deben hacer los que quieren no ser molestados, ni fuertemente tentados de la carne.
Ya dijimos arriba, y en el capítulo pasado, qué cosas deben observar
los que quisieren conseguir y alcanzar el voto de castidad, y entre
las cosas que contamos, pusimos por más principal que hubiese abstinencia
de manjar y bebida, porque no se engendrase superfluidad de esperma,
porque la esperma no es otra cosa sino lo supérfluo de la cuarta digestión:
la cual se hace y efectúa, cuando el cibo o nutrimento se esparce y
derrama de las venas en los miembros después de ya cumplida la tercera
digestión. En fin, es un humor cercano a cierta cosa cuajada y congelada,
de la cual se mantienen los miembros sólidos, como lo dijo Avicena,
la cual humedad espermática se secará y consumirá con el ayuno, y la
hambre, las cuales cosas debilitan el cuerpo, y ni más ni menos se consumiera
con el trabajo fuerte, por el contrario se multiplicara y creciera con
la ociosidad y vida holgada de continuo como lo canto Ovidio poeta singular
en su primer libro del Remedio Amoris, diciendo:
Ergo
vbi visus eris nostra medicalibus arte Fac mouitis fugias ocia prima
meis. Hec vt ames facuint, hec, que, fecere tuentur, Hec sunt iocundi
causa cibusque mali Ocia si tollas periere cupidinis arma. Contempte
que iacent & sine luce faces. Quam platanus riuo gandeat, quam populus
unda Et quam limosa canna palustris humo. Tam venus ocia amat, etc.
Dice,
cuando te pareciere que por nuestra arte te puedes remediar, procura
te amonesto, de evitar la ociosidad, porque la ociosidad es causa que
ames, y te sustentara en el amor que te causo, porque esta y el manjar
demasiado, son causa de aquel agradable mal de amor, y si quitares y
evitares la ociosidad perecerán las armas del dios Cupido, y sus llamas
caerán menospeciadas y sin resplandor. Porque así como el plátano se
goza con el río, y el álamo con las ondas, y las cañas laguneras con
el barro mojado, así ni más ni menos la lujuria, o Venus ama la ociosidad.
Pues
luego los que quisieren no ser fatigados de la lujuria esten en continuo
ejercicio, y acuerden se que han de morir, y piensen en las penas del
infierno, hiriendo su cuerpo, como lo hacia San Jerónimo y otros Santos,
pues con estos remedios no se sentirá tentación o la que se sienta,
sera muy más pequeña, como lo dijo Avicena en De Aluminiati, adonde
dijo, la cura que conviene, es de aquello que quebranta su deseo y apetito,
como es la tristeza, la hambre, el velar, las carceles, las heridas
y golpes, porque estos son mucho mejores remedios que no las medicinas
que resuelven y desecan o mitigan tal encendimiento, cuales son la simiente
del agno casto, y de la ruda, de los cominos, y de otras cosas semejantes
que calientan y desecan, o cuales son el culantro, la cauphora, los
cuales mitigan el hervor de la lujuria enfriando y congelando el calor
natural, porque aunque estas cosas sean remedios para el hervor de la
lujuria, empero son por otra parte dañosas para la salud corporal, porque
las unas desecan desmasiado y las otras mortifican el calor natural.
Allende de este el remedio que se da para la lujuria de andar los pies
descalzos, dormir sobre cosas frías y humedas, es un remedio muy pernicioso
y peligroso para la salud corporal y muy perjudicial para la vida.
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