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Octubre del 2003 |
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Príapo, el Dios de la fecundidad |
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Príapo nació en Lámpsaco, ciudad en la que, junto a otras de Asia Menor, adquirió gran importancia como encarnación de la fuerza fecundadora de la Naturaleza. Divinidad menor, fue hijo de Afrodita, o de Quíone, y de Dionisio, Hermes, Zeus o Adonis, según las diversas leyendas. Una de las versiones del mito, que señala a Príapo como hijo de Afrodita y Zeus, cuenta que Hera, profundamente celosa de su rival, le tocó el vientre mientras estaba aquella embarazada, dando a luz como consecuencia a un niño deforme. Su madre Afrodita temiendo las burlas de los demás dioses abandonó a su hijo en el bosque, pero unos pastores lo recogieron, lo criaron, y lo veneraron como un dios. Otras leyendas relacionadas con Príapo refieren cómo Lotis, ninfa amada por Príapo y a la que éste perseguía continuamente, pidió a los dioses ser transformada en planta: loto. ¡Tal era el espanto ante tan desarrollado miembro!. Este mito recuerda al de Apolo y Dafne. Y aún otra leyenda tardía cuenta que la diosa romana del hogar, Vesta, se despertó con los rebuznos del asno, su animal preferido, en el momento en que Príapo pretendía violarla. Se considera a Príapo dios protector de huertos y jardines, el que ahuyenta a los ladrones, espantapájaros, portador de buena suerte y que neutraliza los maleficios de aquellos que intentan perjudicar las cosechas. Sus atributos más frecuentes son la podadera y demás instrumentos de jardinería. El fresco con la imagen de Príapo en las paredes del vestíbulo cubierto de la Casa de los Vetti se halla pues plenamente justificado, además de servir contra el mal de ojo de aquellos envidiosos de la riqueza de la casa. El peso de su pene, poder fecundador, y el cesto de frutas a manera del género del "bodegón" que le acompaña, sirvan como elementos identificadores de su función última. Descubierta hace más o menos un siglo, esta casa pompeyana, construida a mediados del siglo I d. de C., fue residencia de Vettio Restituto y Aulo Vettio Conviva. Estos dos acaudalados comerciantes ostentaron su poderío económico y gastaron grandes sumas en decorar la mansión con admirables decoraciones pictóricas del llamado IV estilo pompeyano. Caracteriza a este estilo un ilusionismo (teatral o fantástico) que llena las paredes de cortinajes, guirnaldas, bucráneos, telones, máscaras, etc., temas ornamentales realizados después del terremoto del 62 d.c., que asoló la ciudad de Pompeya.
Mª Dolores A. Fernández
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